39. SI ME DICES CÓMO EVALÚAS, TE DIGO LO QUE APRENDEN TUS ALUMNOS.

Lo que perseguimos los profes al evaluar no lo conseguimos en el momento de la evaluación.

Antes de contemplar el qué y el cómo evaluamos debemos enfocar el para qué, cosa que muy rara vez se hace. Se evalúa para tomar decisiones, por lo que un seguimiento real de la evaluación es preceptivo.

La calidad de nuestra docencia vendrá dada por la calidad y excelencia del aprendizaje de nuestros alumnos.

Hay una relación biunívoca entre la evaluación y el aprendizaje. Dime cómo evalúas y te diré lo que aprenden tus alumnos (y cómo).

Haz la prueba de observar sus comentarios tras una prueba:

– ¡Qué cabrón, no esperaba que preguntara eso!

– Yo sí, lo que no me esperaba es que fuera a preguntarlo como cuestión a desarrollar.

– Tú que has puesto… claro, ahora lo entiendo.

– Seguro que si hago el examen ahora apruebo, ¡ya lo podía haber explicado como me lo has explicado tú ahora!

 

Los alumnos estudian para hacerlo lo mejor posible en la prueba. Cuanto más superficial sea el requerimiento para ella, más se acercarán a aprobar (y a olvidar rápidamente) y menos a aprender.

Los alumnos aprenden tras reflexionar sobre lo aprendido. Hagamos del momento de la prueba un espacio para la reflexión y el feedback auténtico y que no sea, ni mucho menos, el momento definitivo de la calificación.

Hagamos largo el proceso, aumentemos el grado de esfuerzo y exigencia paulatinamente dando pistas sobre el desarrollo de su aprendizaje. Hay múltiples herramientas para conseguirlo.

Si queréis, hablamos de ellas en otra ocasión.

 

Hasta la próxima.

38. TEN INICIATIVA, PROFE.

Una de las competencias clave que crea polémica es la de sentido de iniciativa y espíritu emprendedor ¿por qué? Porque es la que más se sale del espíritu de enseñanza-aprendizaje de la escuela. Pretende ser, a la vez, la más cercana al mundo que se encontrarán los alumnos al abandonar la escuela, fiel al espíritu europeo de aprendizaje a lo largo de la vida, de adaptación a entornos cambiantes y a la integración plena en la ciudadanía y el mundo laboral.

¿Qué nos pide para que esto sea así? Podemos leer que para adquirir y desarrollar esta competencia se requiere saber, entre otras cosas, la comprensión del funcionamiento de las sociedades y las organizaciones sindicales empresariales, o el diseño e implementación de un plan. En el saber hacer se requiere tener capacidad de análisis, planificación, organización y gestión, la capacidad de adaptación al cambio y resolución de problemas… En el aspecto de saber ser se requiere entre otras facetas, la de actuar de forma creativa e imaginativa, tener autoconocimiento y autoestima y tener iniciativa, interés, proactividad e innovación, tanto en la vida privada y social como en la profesional.

Como podéis apreciar, no se parece a muchas asignaturas. ¿Dónde podríamos encajar esta competencia en el currículo? A mí solo se me ocurre que una competencia tan transversal tiene que tener un tratamiento de la misma naturaleza, a través de proyectos cuyo producto final sea precisamente la culminación del proyecto, como la creación de una tienda de carcasas para móviles, un taller de reparación de juguetes para los más pequeños, una empresa de entretenimiento para los mayores del municipio, … si es además desde la perspectiva de una cooperativa mejor que mejor.

La organización escolar deberá ceder tiempo y espacio para el desarrollo de estos proyectos, pero eso es otro tema, ¿verdad?

Hasta la próxima.

37. PERO,…¿TÚ NO ERES PROFE?

Hace tiempo, un familiar político de mucha más edad que yo me formuló una pregunta. Desde mi más sincera humildad contesté: “no lo sé”. Me miró con cara de enorme sorpresa y me dijo: “pero,… ¿tú no eres profesor?”

Para la generación de mi familiar era inconcebible que alguien dedicado a enseñar no tuviera todas las respuestas, ¿por qué?, porque vivieron en una época donde la fuente de toda información era el maestro, lo que por otra parte le otorgaba una posición social de prestigio en su comunidad.

Los modelos educativos han derivado, a partir del modelo universitario, en una especialización del profesor, que se hace experto en alguna disciplina, sin la posibilidad de serlo en muchas otras. Pero esa calidad de experto, necesaria por otra parte, no es suficiente para ser un buen profesor hoy, pues su labor está orientada a ser guía del proceso de aprendizaje, a enseñar al alumno a aprender a lo largo de toda su vida, dotándoles de herramientas metacognitivas y de pensamiento para adaptarse a la sociedad cambiante en la que desarrollará su labor profesional.

La información ahora está en todas partes y el profesor ayuda a los alumnos en su aprendizaje de localizarla, seleccionarla, criticarla y procesarla para la resolución de la tarea que tengan entre manos. Ya no la tiene el profesor.

¡Qué morro tiene el profesor de mi hijo! Le ha mandado encontrar información sobre este tema, ¿y él que hace?¿tiene la tarde libre mientras ayudo a mi hijo a buscarla? Pues se va a conformar con estas cuatro cosas que le pongo que mi tiempo también es valioso.

¿Qué hace un padre buscando información para su hijo? ¿No estamos intentando ver con el alumno las dificultades que entraña el tener información de calidad? ¿Para qué te metes? ¿Sabes que estás impidiendo que aprenda a buscar, seleccionar, criticar y procesar la información que él solito encuentre? ¿Sabes que ya no podrá participar con garantías en el debate del proceso de búsqueda de información con sus compañeros y con su guía, el profesor? Si quieres participar, ponte los zapatos del profesor y guía su proceso, pero no interfieras en su aprendizaje, deja que descubra por sí mismo.

El profesor no lo sabe todo, pero sabe educar en el nuevo modelo donde no hace falta saber todo (insisto, pero sí tiene que dominar su asignatura con rigor y soltura). Además debe saber transmitir cómo adquirir las diferentes competencias enfrentando a sus alumnos a situaciones-problema, contextualizadas en su día a día, donde tendrán que movilizar sus aprendizajes y transferir sus conocimientos a la nueva situación de manera eficaz. No es poco, ¿verdad?, para no saberlo todo.

En nuestro paradigma el profesor ya no sabe todo, pero debería, ¿no?

Hasta la próxima.

36. ¡ATENCIÓN! SE APRENDE.

“Prestadme atención, por favor”. ¿Quién no ha oído a su profesor alguna vez esta frase? Es curioso que en castellano, requerir la atención de alguien necesita del verbo “prestar”, considerando la atención como algo valioso que tiene el otro y que necesitamos que nos preste durante un tiempo para establecer una vía de comunicación.

Se concibe la atención como “el proceso central implicado en el control y la ejecución de la acción”

Hay cinco tipos:

  1. Atención focalizada.
  2. Atención sostenida.
  3. Atención selectiva.
  4. Atención dividida.
  5. Atención alterna.

Todas ellas importantes y que deben ser conocidas y reconocidas por los alumnos (y los profesores).

Todos los maestros consideran fundamental mantener la atención de los alumnos. Por lo tanto se ha de cuidar la manera de enseñar. Se precisa de una enseñanza activa, dinámica, en movimiento, rítmica, con muchos puntos de motivación y muchos cambios en el escenario de aprendizaje.

El cerebro responde  a la novedad, a lo relevante, es pues tarea del profesor ofrecer eso al alumno.

Lo que se enseña también influye en la atención. Si es contenido nuevo, debe ser presentado en un periodo de tiempo corto, de manera precisa y clara. Más de diez, quince minutos sería contraproducente para el aprendizaje.

Ante este aprendizaje intenso de atención plena hay que tener previsto períodos de descanso en los que, además de la relajación o la tranquilidad tras el esfuerzo se proporcionen escenarios de reflexión sobre lo aprendido (metacognición).

En definitiva, sea cual sea el método, la atención es la piedra sobre la que se construye el aprendizaje. Se precisa para la construcción de nuevas conexiones neuronales y la consolidación de circuitos ya existentes.

Los pasos serían:

  • Alumnos prestando atención.
  • Alumnos repitiendo mentalmente o visualizando el aprendizaje.
  • Alumnos verbalizando el aprendizaje preferentemente entre iguales.

Resultado: aprendizaje significativo.

Hasta la próxima.

35. BUEN PROFESOR, PROFESOR EXCELENTE.

Dice Francesco Tonucci: “Solo los buenos maestros podrán salvar la escuela”.

Cuando nos encontramos frases como esta inmediatamente nos viene a la cabeza algún buen maestro que hemos tenido en nuestra vida. ¿Se puede definir al buen maestro, y ya de paso al maestro excelente?

Circulan por las redes la carta de agradecimiento de Albert Camus a su profesor tras conseguir el premio Nobel, o la presumiblemente falsa de Abraham Lincoln al profesor de su hijo (aunque muy bonita). Y las dos hablan poco de “técnica docente” y sí mucho de corazón y humanidad.

Hay autores que sí han estudiado este tema y hay cosas curiosas que me gustaría compartir con vosotros.

Lo normal es que nos acordemos del maestro y no de la asignatura que impartía por cómo marcó algún devenir de nuestras vidas. Estos maestros tienen por norma general el haber conseguido ayudar a los estudiantes a aprender, influyendo en sus modos de pensar, de pasar de la idea a la acción y de evaluar sus emociones. Cuando vemos estos estudios fuera de nuestros marcos personales observamos que da igual cómo manejaran el aula, no influye sobremanera la metodología empleada, si era un gran orador en clases magistrales, un gran generador de proyectos, un gran guía de trabajo cooperativo,… se les reconoce por conseguir excelentes resultados académicos que trascendían el curso que daban y llegaban a marcar el aprendizaje a lo largo de la vida de los estudiantes, futuros ciudadanos.

¿Y qué hacen estos maestros excelentes?

Según los estudios lo primero es ser un gran conocedor de la materia que imparten. Es curioso, visto lo anterior, pero es fundamental saber la materia de la que hablan para que puedan entrar, de manera natural, todos los apoyos necesarios para un aprendizaje significativo del alumno. Sólo sabiendo dónde está el camino y dónde te has salido de él podrás retomar con sentido tu misión.

Metacognitivamente son excepcionales, reflexionan sobre su docencia de tal manera que hacen partícipe al alumno de cómo aprender de la mejor manera.

Se preparan mediante grandes preguntas. Estas preguntas se parecen poco a: ¿Por qué tema vamos?¿Cuándo es la evaluación?¿Qué quito para que me dé tiempo? Sobre ellas hablaremos otro día.

Siempre están en guardia respecto a lo que los estudiantes esperan de él y de sus clases, generan un entorno de aprendizaje en sus clases en el que los alumnos se encuentran como en casa y no tienen más remedio que aprender, de manera crítica y natural, interesados y emocionados.

Son muy buenos haciendo ver a los estudiantes la gran confianza que tienen en ellos, los hacen constantemente mejores, incorporando el error al proceso de aprendizaje sin olvidar el rigor y el esfuerzo necesarios para que ese aprendizaje sea eficaz.

Para mí, lo más importante es cuando proporcionan, en la evaluación un espacio, un marco donde reflexionar sobre lo aprendido. Un feedback que puede ser muy variado pero que ha de ser imprescindible. No puede haber resultados del proceso sin alguna clase de diálogo sobre el mismo, con el fin último de tomar una decisión de futuro que afecte a la mejora del aprendizaje.

Se evalúa para tomar decisiones, no para constatar hechos.

Los estudios revelan alguna que otra incidencia más pero creo que hay suficiente arriba para entender que no todos los profesores somos iguales.

Podemos tender a la excelencia, reflexionando sobre lo que hacemos y poniéndolo en común entre nosotros.

Pues ánimo, y a por ello.

Hasta la próxima.

34. DÍA DEL PADRE Y COMPETENCIA DIGITAL.

Hoy, día de San José, se celebra el día del padre. De fondo suena una de mis óperas favoritas: Rigoletto. Historia de un padre y sus tribulaciones.

Tengo un lector incondicional (entre otros) que tiene una peculiaridad muy importante para mí: es mi padre. Recientemente ha adquirido por obra y gracia de las compañías de telecomunicaciones un smartphone, que es un teléfono (phone) inteligente (smart??) cuya principal característica es que da o recibe pocas llamadas al tiempo que hace muchas otras cosas.

Y aquí empieza mi reflexión educativa. Educar por competencias es preparar a los alumnos para el aprendizaje a lo largo de su vida. Para ello deben saber adaptarse a cambios, por lo que los docentes utilizamos métodos para que sean capaces de aprender por descubrimiento con la guía del profesor pero teniendo su propio protagonismo a la hora de aprender, en el proceso de aprendizaje.

Mi padre está en la edad de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, en nuestro caso adquiriendo destrezas propias de la competencia digital. Quiere ser protagonista de su propio proceso de aprendizaje, por algo es suyo el móvil. ¿Que hace uno de sus guías (yo) cuando quiero que aprenda a mandar fotos por el grupo de wasshap que le ha creado mi hermana para su viaje a Javea? (Notad la ironía por favor).

Pues este profesor le quita de las manos el móvil y le dice: ¿ves ese símbolo? pues es el de compartir. Mira, ¿lo ves?, le pulsas y aparecen todos los sitios donde puede ser compartida la foto (que previamente había hecho, que eso sabe muy bien). Le das aquí al símbolo del wasshap y se despliegan todos tus contactos, eliges a quién le envías la foto y le das. Te da la posibilidad de escribir una nota a pie de foto si despliegas el teclado, es fácil, solo aprieta en la parte de escribir y aparece sólo ¿Qué quieres poner, que te lo pongo? Bueno, finalmente le das a esta flecha y fiuuu, ya va al grupo, ¿fácil no?

Pues así lo tienes que hacer cuando estés en la playa. De nada.

Dicen que el aprendizaje surge si te interesa, si te emociona y si participas en el proceso.

Estoy convencido que el grupo de sus hijos, yernos y nueras recibirán de su viaje unas bonitas fotos comentadas con ingeniosas frases.

Al fin y al cabo, mi padre tiene 77 años, y aprendió lo poco que fue a la escuela escuchando al profesor desde la tarima, no le habrá resultado muy difícil aprender competencialmente con mi metodología activa para mí mismo, que llamo trabajo en equipo individual liderado.

Porque sabe escuchar atentamente. y sabe aprender que a veces se le va la olla a su hijo.

Feliz día papá, y practica enviar fotos, si hay alguna duda, llámame.

Hasta la próxima.

33. ¿HA PERDIDO EL TIEMPO LA ESCUELA? OVIDE DECROLY

Esta es una pregunta que me hago muy a menudo. Sobre todo cuando releo a los grandes pedagogos: Decroly, Dewey, Montessori, Claparede, Freire, Freinet, Rousseau,… grandes investigadores en la acción, no en la teoría. Justifico la pregunta recordando parte del legado de Decroly.

Decía Rousseau que los maestros deberían empezar por estudiar mejor a sus alumnos, porque seguramente no los conocen.

Las tentativas de la Nueva Escuela de principios del siglo XX tenían un factor común, buscar un mejor conocimiento del alumno con el fin de agilizar su atención y su actividad, por tanto, la escuela debía adaptarse al niño para conseguir esos objetivos. Se debía coordinar el trabajo docente a partir de los intereses de los alumnos en vez de centrarse en los conocimientos a transmitir.

Decroly, en este sentido, criticaba duramente la escuela: “desde mi punto de vista, la escuela no crea niños anormales ni tampoco normales, aunque favorece anomalías latentes. Si hay niños normales, es debido a que afortunada o desafortunadamente se forman sin su influencia” Para Decroly la escuela no cumplía con sus propósitos aunque “bien los podría cumplir”.

Para Decroly la institución humana más elevada es la escuela. El porvenir de un pueblo depende de la organización y de la influencia de la escuela. La escuela, sin embargo, impone la inmovilidad y el silencio a los seres que deben aprender a obrar y expresarse.

Hay que cambiar (recordad que estamos hablando con palabras de principios del siglo XX). “Introducir innovaciones en los programas y métodos de educación y de enseñanza no es sencillo. El mecanismo, elaborado lentamente a través de los siglos, es complejo y poco susceptible a cambios trascendentales… para lograr el cambio se requieren espíritus clarividentes, capaces de reflexionar e investigar, de criticar y actuar.

Para Decroly la escuela prepara para la vida: “el objeto de la educación es favorecer la adaptación del individuo a la vida social” Está frase es hoy de rabiosa actualidad, noventa años después, si añadimos: en la sociedad de la información del siglo XXI.

El entorno de la escuela es fundamental para hacer vivir a los alumnos, debe encontrarse en la naturaleza, donde esté la vida, donde haya trabajo por hacer.

Muchos hombres y mujeres sufren dificultades en su escolarización, pero hay hombres y mujeres como Decroly, que esto les supone el reto de llevar a cabo una acción renovadora fruto de esa insatisfacción de la enseñanza recibida en la escuela.

Normalmente además, son muy humildes: ¡yo no encontré nada, nada inventé, nada creé! Lo que yo pido que se haga, lo ha hecho la madre desde siempre con su hijo.

Si la escuela es una preparación para la vida, entonces es también la vida misma.

Decroly fue un trabajador incansable. Falleció súbitamente en el jardín de la escuela al intentar arrancar una mala hierba. En su escritorio un texto inacabado:

“…es una gran felicidad para aquél que ha seguido un objetivo durante más de un cuarto de siglo, y que siente que pronto va a venir el momento de partida al eterno reposo, el ver que su esfuerzo no fue vano y que aunque él ya no esté, otros lo continuarán…”

Y alrededor de un siglo después hay gente que quiere continuar con esas ideas frescas de Decroly y otros, que iremos viendo en posteriores entradas.

Hasta la próxima.

Referencia: Volumen 1 de la biblioteca de Grandes Educadores: Decroly. Una pedagogía racional. De Jean Marie Besse. De. Trillas.