44. Pero profe, ¿Qué has hecho?

Hace unos días me encontré unas fichas donde un profe había tomado unas notas para una posible presentación a sus alumnos. Me han despertado múltiples sentimientos y emociones porque las lecturas de estas notas pueden apuntar a muchísimas direcciones, que os dejo que analicéis tranquilamente.

Las notas decían lo siguiente:

  1. Quise que aprendierais Matemáticas descubriéndolas, evitando contar mucho rollo y fomentando que trabajarais en equipo. NO LO CONSEGUÍ,
  2. Quise que gestionarais vosotros mismos el tiempo y el silencio/ nivel de ruido. NO LO CONSEGUÍ.
  3. No quise gritaros y abusar de los castigos para conseguir atención. NO LOGRÉ NADA CON ESTA MANERA DE ACTUAR.
  4. Quise pensar que si llamaba la atención respetuosamente enseguida me atenderíais, pero sin gritaros podéis estar toda la hora hablando de vuestras cosas. ME EQUIVOQUÉ DE CABO A RABO.
  5. No logré haceros pensar que las notas vienen si se trabaja bien. Os importaba mucho más las previsiones, si entraba algún contenido concreto en el examen o no y estudiar para aprobar más que para aprender. No logré que pensarais más allá del examen y que me pidierais investigar o profundizar en ningún tema. GRAN FRACASO.
  6. No conseguí terminar el proyecto anual que teníamos programado. Hacía falta exponer a la clase los trabajos y no conseguí ni que escucharais que lo necesitaba. NUEVO FRACASO.
  7. No os he prestado mucha atención. Muchos tenéis problemas asociados a vuestra edad y no me he parado a escucharos. Tampoco he atendido a vuestras necesidades ni os he ofrecido mi ayuda. Tampoco escuché vuestros éxitos ni lo que os hacía sentir bien. IMPERDONABLE POR MI PARTE.
  8. En definitiva, y para no aburriros y podáis seguir con lo vuestro: no he sido buen profesor para vosotros. A lo mejor se me olvidó serlo, o no lo he sido nunca. En cualquier caso:

LO SIENTO MUCHO, PERDÓN.

 

¿Qué habrá pasado a este profesor? ¿Será de Secundaria, de Primaria? ¿Habrá, al fin, presentado estas notas a sus alumnos? En ese caso, ¿sale reforzado?

En fin, hasta la próxima.

43. ¿QUIÉN AYUDA A QUIEN AYUDA?

Cuando empezamos nuestra carrera docente siempre encontramos un faro donde mirar, lo que llamamos un referente. Algunos de mis compañeros me han dicho que yo mismo lo he sido para ellos, aunque no pueda creerlo. Lo que sí puedo reconocer es que lo que me ha movido siempre en la enseñanza es el principio de “los alumnos, lo primero”. A lo mejor eso ha encajado en los profes que empezaban y les ha hecho pensar: “pues para mí también, evidentemente”. Por lo tanto, mi caso no tiene mérito. Además, lo puedo decir porque sé lo que es un referente, porque yo he tenido varios.

Se caracterizan por cumplir siempre en el día a día (yo fallo más que una escopeta de feria, lo que me descataloga), son tremendamente humildes, siempre están ayudando, dan consejos desinteresados, te regañan sutilmente, pero con firmeza porque confían en tu potencial, siguen manteniendo su confianza en ti cada vez que les defraudas y acumulan en sus espaldas su carga y la de muchos, incluidas verdaderas injusticias.

Ellos ayudan, ayudan siempre, pero yo me pregunto: ¿Quién ayuda a los que ayudan? ¿Quién te ayuda a tí, Vilariño?

Hasta la próxima.

42.  ¿CÓMO PUEDO CONVENCER A MI DIRECTOR?

Cuando asistimos a los cursos de formación en innovación, cuando nos vamos entusiasmando porque lo que nos cuentan es útil, que está lleno de posibilidades y es muy atractivo desde el punto de vista docente, nos saca de nuestra ensoñación la típica pregunta (de alguien de otro colegio, por supuesto) que dice: ¿Y cómo hago yo para convencer a mi director?

(Y solemos pensar: pobrecillo)

Está claro que el choque frontal más evidente del cambio es con el equipo directivo/director del colegio, ¿por qué?

Cualquier respuesta a favor del rechazo está justificadísima. El enfoque de la educación es perpendicular al cambio.

Se tienen que dar muchas circunstancias favorables para introducir pequeños cambios. La presión de las pruebas externas, inspecciones de estándares, la esclavitud de los temarios, los procesos de calidad, …. hacen que estos cambios tengan difícil el introducir la patita.

La cultura del rendimiento de cuentas atenaza. Incluso convencer a las familias de que se puede aprender de una manera distinta a como ellas lo hicieron es difícil.

¡Pero si es difícil convencernos a nosotros mismos!

Como dije en una entrada anterior las circunstancias para favorecer cambios pasan por equipos directivos/directores que sepan delegar con responsabilidad y coherencia, y equipos comprometidos con el cambio de manera total y completamente respaldados.

Gente valiente que demuestre a la comunidad educativa que los chicos aprenden más y mejor, están más motivados y emocionalmente más realizados trabajando sobre otras bases.

Si los chicos saben más y mejor, se pueden enfrentar a cualquier prueba, externa o interna, con garantías, pero hay que dejar espacio al tiempo requerido para cosechar los éxitos que vendrán. Y no es fácil acumular presión sobre la ilusión de los docentes, máxime cuando suele provenir de ellos mismos ante las primeras dificultades.

Es fácil agarrarse al flotador de lo que siempre hemos hecho porque lo dominamos a la perfección. Pero ese dominio requiere que no veamos que los chicos lo pasan mal y que algunos abandonarán un sistema que no tiene en cuenta que cada alumno tiene las características que tiene y que pueden ser atendidos enseñándoles desde otro enfoque.

¿Cómo puedo convencer a mi director?

Hay quien dice que, cuando no se puede hacer desde equipos, se haga individualmente desde cada aula, desde cada clase impartida. Que cada paso cuenta.

Si trasciende por bueno tu trabajo, se engancharán más unidades al tren de la innovación. Y cogerá velocidad.

 

Seguro.

Sirva este escrito en homenaje a los directores valientes, líderes de grandes equipos.

 

Hasta la próxima.

41. LA SATURACIÓN DE LA INNOVACIÓN Y SU SOLUCIÓN.

La desazón docente arrastrada los últimos diez, quince años, vino sobre todo motivada por los continuos cambios en las leyes de educación.

Esto provocó que los profesores se atrincheraran más en su día a día, no buscaran las posibles bondades de las leyes por considerarlas no educativas sino excesivamente políticas e ideológicas y redujeran al mínimo la exigencia burocrática de cada ley, cumpliendo con la norma, pero sin buscar ningún buen espíritu de la misma.

Mientras esto ocurre los profesores ven aumentada su desazón porque los chicos no aprenden, están desmotivados, se aburren, llegando a manejar muy mal sus emociones, su toma de decisiones y su asunción de riesgos durante su etapa escolar.

Esta inquietud, acompañada de tendencias europeas, comienzan un oleaje tendente a desarrollar nuevos escenarios. Empiezan a aparecer nuevas palabras y a recuperarse viejos métodos: nos movemos en términos como ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), aprendizaje cooperativo, flipped classroom, Aprendizaje Basado en Problemas, pequeñas investigaciones, estudio de casos, aprendizaje por rincones, inteligencias múltiples, inteligencia emocional, competencias básicas o clave, neuropsicología aplicada a la educación, neurociencia, conocimiento y aplicación de las TIC, …

Surgen numerosos problemas por este entusiasmo, por ejemplo, ¿me especializo en un método y lo hago panacea del sistema para resolver el problema?,¿pico de todo, no profundizo en nada y por tanto no puedo aportar soluciones reales?,¿cómo debemos trabajar en equipo para abarcar todo esto?,¿se debe abarcar todo esto?…

La gente está deseando formarse, y se forma de hecho, pero no se consolidan proyectos a nivel global, salvo honrosas excepciones que tienen mucho que ver con los liderazgos de equipos directivos ejercidos sobre equipos docentes comprometidos e implicados.

Se llega entonces a pensar que, antes de cambiar algo, se han de cambiar esos liderazgos. Y vuelta a empezar. Dice José Antonio Marina en su libro Despertad al diplodocus que: “ni dormidos, ni hiperactivos”. No nos durmamos pues, ni nos hiperactivemos con tanta oferta porque lo prioritario va a ser encontrar el equilibrio, la consolidación de liderazgos tanto directivos como de equipos docentes, y la consolidación de proyectos, primero de formación y luego de acción, primer paso del camino.

Lo malo es qué es lo que hacemos con lo ya hecho y el esfuerzo generado en el proceso.

Canalizarlo para mejorar debe ser la tendencia, partiendo de la base de que todo lo hecho hasta ahora ha de valer, pero con la firme intención de tomar el camino correcto.

Ánimo compañeros.

Hasta la próxima.

40. PROFES, ¿SE TIENE QUE APRENDER A SER GUÍA?

Hay veces que la intención del profe en el aprendizaje del alumno lleva un propósito noble, pero no va acompañada de la ayuda adecuada.

Nos dicen: Señores, en la nueva educación el profesor es guía del proceso de aprendizaje del alumno. ¿Pero cómo guiamos? ¿Reflexionamos lo suficiente sobre cómo hacerlo y, sobre todo, sobre cómo hacerlo bien?

Si a mí me enseñan la Capilla Sixtina mediante un guía muy preparado que no habla español…

Por ejemplo: Ante un texto (oral o escrito) que presentamos a los alumnos les instamos a obtener la idea principal del mismo y las secundarias.

¿Hemos enseñado previamente los procesos de pensamiento necesarios para conseguirlo? ¿Enseñamos a desmenuzar un texto en partes mediante estrategias de pensamiento analítico y ver la relación entre ellas?

Cuando les decimos: explica con tus palabras la idea principal del texto y el apoyo que le proporcionan las ideas secundarias acompañantes.

¿Qué queremos decir exactamente con la frase: “con tus propias palabras”? ¿Hemos enseñado a los alumnos a expresarse “con sus propias palabras”?

¿Hemos enseñado a unir las piezas desmenuzadas anteriormente, propias del pensamiento sistémico, para obtener un hilo argumentativo que pueda ser expresado “con sus propias palabras”?

Los modos de pensamiento, las motivaciones actitudinales, las destrezas técnicas, … todo esto se debe enseñar, en el sentido global de la palabra, para que el profe pueda ser guía del aprendizaje y dar un feedback necesario y significativo que se centre en el progreso real del alumno y no un mero, ¿esto es con tus palabras? ¿esta es la que consideras como la idea principal del texto?…

Enseñemos a aprender, aprendiendo lo que hay que enseñar previamente.

¡Es posible! (¡y muy necesario!).

¡Hasta la próxima!

39. SI ME DICES CÓMO EVALÚAS, TE DIGO LO QUE APRENDEN TUS ALUMNOS.

Lo que perseguimos los profes al evaluar no lo conseguimos en el momento de la evaluación.

Antes de contemplar el qué y el cómo evaluamos debemos enfocar el para qué, cosa que muy rara vez se hace. Se evalúa para tomar decisiones, por lo que un seguimiento real de la evaluación es preceptivo.

La calidad de nuestra docencia vendrá dada por la calidad y excelencia del aprendizaje de nuestros alumnos.

Hay una relación biunívoca entre la evaluación y el aprendizaje. Dime cómo evalúas y te diré lo que aprenden tus alumnos (y cómo).

Haz la prueba de observar sus comentarios tras una prueba:

– ¡Qué cabrón, no esperaba que preguntara eso!

– Yo sí, lo que no me esperaba es que fuera a preguntarlo como cuestión a desarrollar.

– Tú que has puesto… claro, ahora lo entiendo.

– Seguro que si hago el examen ahora apruebo, ¡ya lo podía haber explicado como me lo has explicado tú ahora!

 

Los alumnos estudian para hacerlo lo mejor posible en la prueba. Cuanto más superficial sea el requerimiento para ella, más se acercarán a aprobar (y a olvidar rápidamente) y menos a aprender.

Los alumnos aprenden tras reflexionar sobre lo aprendido. Hagamos del momento de la prueba un espacio para la reflexión y el feedback auténtico y que no sea, ni mucho menos, el momento definitivo de la calificación.

Hagamos largo el proceso, aumentemos el grado de esfuerzo y exigencia paulatinamente dando pistas sobre el desarrollo de su aprendizaje. Hay múltiples herramientas para conseguirlo.

Si queréis, hablamos de ellas en otra ocasión.

 

Hasta la próxima.

38. TEN INICIATIVA, PROFE.

Una de las competencias clave que crea polémica es la de sentido de iniciativa y espíritu emprendedor ¿por qué? Porque es la que más se sale del espíritu de enseñanza-aprendizaje de la escuela. Pretende ser, a la vez, la más cercana al mundo que se encontrarán los alumnos al abandonar la escuela, fiel al espíritu europeo de aprendizaje a lo largo de la vida, de adaptación a entornos cambiantes y a la integración plena en la ciudadanía y el mundo laboral.

¿Qué nos pide para que esto sea así? Podemos leer que para adquirir y desarrollar esta competencia se requiere saber, entre otras cosas, la comprensión del funcionamiento de las sociedades y las organizaciones sindicales empresariales, o el diseño e implementación de un plan. En el saber hacer se requiere tener capacidad de análisis, planificación, organización y gestión, la capacidad de adaptación al cambio y resolución de problemas… En el aspecto de saber ser se requiere entre otras facetas, la de actuar de forma creativa e imaginativa, tener autoconocimiento y autoestima y tener iniciativa, interés, proactividad e innovación, tanto en la vida privada y social como en la profesional.

Como podéis apreciar, no se parece a muchas asignaturas. ¿Dónde podríamos encajar esta competencia en el currículo? A mí solo se me ocurre que una competencia tan transversal tiene que tener un tratamiento de la misma naturaleza, a través de proyectos cuyo producto final sea precisamente la culminación del proyecto, como la creación de una tienda de carcasas para móviles, un taller de reparación de juguetes para los más pequeños, una empresa de entretenimiento para los mayores del municipio, … si es además desde la perspectiva de una cooperativa mejor que mejor.

La organización escolar deberá ceder tiempo y espacio para el desarrollo de estos proyectos, pero eso es otro tema, ¿verdad?

Hasta la próxima.