37. PERO,…¿TÚ NO ERES PROFE?

Hace tiempo, un familiar político de mucha más edad que yo me formuló una pregunta. Desde mi más sincera humildad contesté: “no lo sé”. Me miró con cara de enorme sorpresa y me dijo: “pero,… ¿tú no eres profesor?”

Para la generación de mi familiar era inconcebible que alguien dedicado a enseñar no tuviera todas las respuestas, ¿por qué?, porque vivieron en una época donde la fuente de toda información era el maestro, lo que por otra parte le otorgaba una posición social de prestigio en su comunidad.

Los modelos educativos han derivado, a partir del modelo universitario, en una especialización del profesor, que se hace experto en alguna disciplina, sin la posibilidad de serlo en muchas otras. Pero esa calidad de experto, necesaria por otra parte, no es suficiente para ser un buen profesor hoy, pues su labor está orientada a ser guía del proceso de aprendizaje, a enseñar al alumno a aprender a lo largo de toda su vida, dotándoles de herramientas metacognitivas y de pensamiento para adaptarse a la sociedad cambiante en la que desarrollará su labor profesional.

La información ahora está en todas partes y el profesor ayuda a los alumnos en su aprendizaje de localizarla, seleccionarla, criticarla y procesarla para la resolución de la tarea que tengan entre manos. Ya no la tiene el profesor.

¡Qué morro tiene el profesor de mi hijo! Le ha mandado encontrar información sobre este tema, ¿y él que hace?¿tiene la tarde libre mientras ayudo a mi hijo a buscarla? Pues se va a conformar con estas cuatro cosas que le pongo que mi tiempo también es valioso.

¿Qué hace un padre buscando información para su hijo? ¿No estamos intentando ver con el alumno las dificultades que entraña el tener información de calidad? ¿Para qué te metes? ¿Sabes que estás impidiendo que aprenda a buscar, seleccionar, criticar y procesar la información que él solito encuentre? ¿Sabes que ya no podrá participar con garantías en el debate del proceso de búsqueda de información con sus compañeros y con su guía, el profesor? Si quieres participar, ponte los zapatos del profesor y guía su proceso, pero no interfieras en su aprendizaje, deja que descubra por sí mismo.

El profesor no lo sabe todo, pero sabe educar en el nuevo modelo donde no hace falta saber todo (insisto, pero sí tiene que dominar su asignatura con rigor y soltura). Además debe saber transmitir cómo adquirir las diferentes competencias enfrentando a sus alumnos a situaciones-problema, contextualizadas en su día a día, donde tendrán que movilizar sus aprendizajes y transferir sus conocimientos a la nueva situación de manera eficaz. No es poco, ¿verdad?, para no saberlo todo.

En nuestro paradigma el profesor ya no sabe todo, pero debería, ¿no?

Hasta la próxima.

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