33. ¿HA PERDIDO EL TIEMPO LA ESCUELA? OVIDE DECROLY

Esta es una pregunta que me hago muy a menudo. Sobre todo cuando releo a los grandes pedagogos: Decroly, Dewey, Montessori, Claparede, Freire, Freinet, Rousseau,… grandes investigadores en la acción, no en la teoría. Justifico la pregunta recordando parte del legado de Decroly.

Decía Rousseau que los maestros deberían empezar por estudiar mejor a sus alumnos, porque seguramente no los conocen.

Las tentativas de la Nueva Escuela de principios del siglo XX tenían un factor común, buscar un mejor conocimiento del alumno con el fin de agilizar su atención y su actividad, por tanto, la escuela debía adaptarse al niño para conseguir esos objetivos. Se debía coordinar el trabajo docente a partir de los intereses de los alumnos en vez de centrarse en los conocimientos a transmitir.

Decroly, en este sentido, criticaba duramente la escuela: “desde mi punto de vista, la escuela no crea niños anormales ni tampoco normales, aunque favorece anomalías latentes. Si hay niños normales, es debido a que afortunada o desafortunadamente se forman sin su influencia” Para Decroly la escuela no cumplía con sus propósitos aunque “bien los podría cumplir”.

Para Decroly la institución humana más elevada es la escuela. El porvenir de un pueblo depende de la organización y de la influencia de la escuela. La escuela, sin embargo, impone la inmovilidad y el silencio a los seres que deben aprender a obrar y expresarse.

Hay que cambiar (recordad que estamos hablando con palabras de principios del siglo XX). “Introducir innovaciones en los programas y métodos de educación y de enseñanza no es sencillo. El mecanismo, elaborado lentamente a través de los siglos, es complejo y poco susceptible a cambios trascendentales… para lograr el cambio se requieren espíritus clarividentes, capaces de reflexionar e investigar, de criticar y actuar.

Para Decroly la escuela prepara para la vida: “el objeto de la educación es favorecer la adaptación del individuo a la vida social” Está frase es hoy de rabiosa actualidad, noventa años después, si añadimos: en la sociedad de la información del siglo XXI.

El entorno de la escuela es fundamental para hacer vivir a los alumnos, debe encontrarse en la naturaleza, donde esté la vida, donde haya trabajo por hacer.

Muchos hombres y mujeres sufren dificultades en su escolarización, pero hay hombres y mujeres como Decroly, que esto les supone el reto de llevar a cabo una acción renovadora fruto de esa insatisfacción de la enseñanza recibida en la escuela.

Normalmente además, son muy humildes: ¡yo no encontré nada, nada inventé, nada creé! Lo que yo pido que se haga, lo ha hecho la madre desde siempre con su hijo.

Si la escuela es una preparación para la vida, entonces es también la vida misma.

Decroly fue un trabajador incansable. Falleció súbitamente en el jardín de la escuela al intentar arrancar una mala hierba. En su escritorio un texto inacabado:

“…es una gran felicidad para aquél que ha seguido un objetivo durante más de un cuarto de siglo, y que siente que pronto va a venir el momento de partida al eterno reposo, el ver que su esfuerzo no fue vano y que aunque él ya no esté, otros lo continuarán…”

Y alrededor de un siglo después hay gente que quiere continuar con esas ideas frescas de Decroly y otros, que iremos viendo en posteriores entradas.

Hasta la próxima.

Referencia: Volumen 1 de la biblioteca de Grandes Educadores: Decroly. Una pedagogía racional. De Jean Marie Besse. De. Trillas.

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