28. LA CULTURA DE LA RESPUESTA CORRECTA.

Una de las herencias de los sistemas educativos desde el principio de los tiempos es la cultura de la respuesta correcta. Los alumnos emplean gran parte de su energía como estudiantes en conocer cuanto antes el sistema de evaluación en el que están inmersos. Después lo tienen fácil. Adecuar su esfuerzo a hacer corresponder su calificación con lo que se califica.

Yo recuerdo cuando era pequeño y respondía alguna cuestión en clase, buscar en los gestos de mi profesor o profesora que mi respuesta iba bien encaminada, porque se trataba de eso, un camino hacia la respuesta correcta. ¡Porque solo había una!

Todo el sistema evaluativo consiste en llegar a ella. Si desarrollamos un tema, que en principio es algo abierto, será únicamente correcto si en él aparecen las suficientes ideas principales que nos han explicado durante el proceso de exposición.

Entiendo que llevar al alumno a la curiosidad, al experimento, a la hipótesis, a la búsqueda, al cambio, a la apertura es el reto de la moderna educación. Pero es imposible. En este sistema, ¿que diseño tiene que tener mi examen para que una respuesta posible entre muchas sea calificada como buena o mala?¿Donde está aquí el 10? O lo que es peor ¿dónde está el suspenso?

Yo soy químico. Y a veces puedo enseñar física y química. Y está el método científico. Observo un fenómeno de la naturaleza. Establezco una hipótesis para explicarla. Diseño un experimento para comprobarla y en la escuela, o está bien o está mal. En la ciencia, si con esa hipótesis se explica el fenómeno será válida hasta que ocurra algo que la refute.

A veces repito una experiencia que no sé donde leí, pero que me comprometo a revelar la fuente en cuanto me vuelva a encontrar con ella. Consiste en llevar una caja totalmente cerrada en la que hay uno o varios objetos. La prueba consiste en que los alumnos manipulen la caja y digan qué hay en ella. Los gestos se parecen siempre a estos, sopesan la caja, la mueven o agitan para ver cómo suena, la miran con su poderosa visión de rayos X, la pasan al compañero sin querer apenas tocarla…

En fin, después de la observación les pregunto que qué hay dentro. Sorprendentemente muchos responden. ¡Canicas, profe! ¿Cuántas? Digo yo para ser un poco tocabowlings. ¡No se sabe, profe! ¡Son soldados metálicos de star wars! Dice un alumno característico de esta época de Big Bang Theory. ¿Cuantos son? dice de nuevo el tocabowlings.

Al final, el alumno cabal dice: venga Juanan, dinos que hay dentro que ya aburre.

¡No han entendido nada! ¡No consigo enseñarles el método científico!

Han observado, han elaborado una hipótesis, pero no han diseñado ningún experimento para saber qué hay dentro.

Perdónanos profe, ¿puede ser un experimento imaginario?

Bendito seas, por favor explícanos tu experimento.

No lo voy a reproducir aquí porque es demasiado complejo y a lo mejor hay alguna patente pendiente de aprobar, pero por lo menos me voy satisfecho de la clase, alguien abrió su mente, por fin.

Les di las gracias emocionado y me fui de clase (que ya había terminado hacía un rato)

A mis espaldas un grito ensordecedor y casi unánime: ¡¡¡pero profe, ¿que hay en la dichosa caja?!!!

La cultura de la respuesta correcta. Debe haber solo una. ¡No consigo enseñarles el método científico!

Hasta la próxima

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