22. LA IMPORTANCIA DE LA COMPETENCIA COMUNICATIVA

A los que nos dedicamos a estudiar el impacto de las competencias clave en el mundo de la docencia nos gusta decir que todas las competencias seleccionadas en este marco son igual de importantes y todas ellas necesarias. ¿Qué pasaría si tuviésemos que hacer una clasificación de las mismas por orden de importancia?

Como considero que es trampa hacer una pregunta así, la respondo con otra, situar dos de ellas en el primer escalón.

Para mí, las dos competencias más importantes son la de comunicación lingüística y la de aprender a aprender.

Hoy me centro en la competencia comunicativa. Y quiero hacer hincapié, de entre las dimensiones de la misma (hablar, escuchar, leer y escribir), en la importancia que para el buen profesor tiene aprender y enseñar a escuchar.

Es un tema complejo ahora que las comunicaciones entre jóvenes no se hacen cara a cara, sino escondidos tras un teléfono inteligente, una tablet, un ordenador… resguardados del lenguaje corporal del intercomunicador y a salvo de expresar tus ideas con coherencia, elegancia, conocimiento,… por no tener un público al que acceder con tu palabra.

Por eso, hay que generar ambientes de comunicación reales entre iguales en el seno de las aulas. Y en el debate entre los chicos cuidar que se escuchen, que valoren las palabras del otro, que empaticen, que no intervengan hasta tener el uso de la palabra, que se hagan escuchar sin necesidad de alzar la voz, que se olviden del sexo de quien habla, de sus condiciones y que se centren en sus ideas y las de uno mismo. Que tengan espíritu de aprendizaje y capacidad de convencer y de ser convencidos.

El profesor aquí lo tiene difícil. Ser guía del aprendizaje en esta competencia requiere ser modelo cuando habla y sobre todo cuando escucha. Estando en la primera situación el mínimo tiempo posible y el máximo en la segunda. No intervenir, no interrumpir, no corregir en el fragor de la batalla comunicativa es difícil, pero muy necesario.

Luego habrá tiempo de analizar las intervenciones, desde lo dicho hasta las intenciones de lo que se quiere decir, desde el cumplimiento o no de las reglas de la comunicación hasta la evaluación del lenguaje no verbal, fomentando tanto el feedback del profesor como la autoevaluación y coevaluación de los chicos.

Conseguir que se hablen los chicos y que lo hagan con conocimiento de su lengua materna (y por lo menos otra) y cumpliendo las normas del diálogo es un gran reto, tremendamente complicado y que en el éxito de la causa estará la disminución de los conflictos raciales, de género, políticos o de religión.

En la mano de todos, escuela, sociedad y familia, está.

Hasta la próxima.

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