16. QUISIERA SER EDUCADOR.

Quisiera ser educador. A duras penas soy profesor. Independientemente del momento justo en el que escribo esto, me gustaría explicarme. Un profesor domina los contenidos de su materia y tiene múltiples herramientas para trasmitirlos en el aula y que lleguen a todos y cada uno de sus alumnos.

He conocido a muchos grandes maestros. Y todavía intento aprender de ellos.

Ahora los maestros, los profesores, no son necesarios. Los contenidos de nuestras materias han pasado a ser una excusa. Muchos dudamos de la idoneidad de los mismos, tanto en cantidad, como en calidad, como en oportunidad, como en utilidad, en fin… ¿Quién determina los aprendizajes imprescindibles?

Se busca una nueva profesión inventada hace siglos, se buscan educadores. En nuestra época el señor o señora que está al frente de la clase tiene que atender prioritariamente a la manera en que todos sus alumnos sean competentes a la hora de enfrentarse a todo lo que les rodea.

En ningún temario se expresa como contenido las estrategias de pensamiento, sobre todo el crítico, ahora que la información, tanto la válida como la que no, está al alcance de los chicos. Tampoco está el control de las emociones. Tampoco está la observación de indicadores neuropsicológicos que impidan el aprendizaje. Tampoco está el dotar de herramientas metacognitivas a los alumnos, no saben si aprenden, lo que aprenden y como lo aprenden. La reflexión no se enseña como tal. La autonomía y la iniciativa, ¿a qué materia pertenecen? La creatividad…

Los educadores atienden a nuestros alumnos en todos estos aspectos. A veces inconscientemente, lo que da un valor añadido a su labor. Pero percibo una gran inquietud en el cambio de profesor a educador. Y la inquietud se manifiesta en que la gente demanda formación. Y tiempo.

Yo, que ni siquiera llego a profesor, me atrevo matizar esas dos grandes premisas. La formación es estrictamente necesaria… si después se aplica. Porque lo que suele pasar después de la formación es que no hay tiempo (la segunda premisa) para aplicarla y nos quedamos igual. Eufóricos mientras la recibimos y deprimidos cuando se acaba. Hay formación, se precisan aplicadores.

En cuanto al tiempo tengo cosas que decir. El pueblo dice que tenemos muchas vacaciones, buenos horarios, fines de semana, festivos, puentes,… y sabemos que mucho de ese tiempo lo tenemos ocupado. ¿En qué? En preparar las clases de siempre, los controles y exámenes de siempre, corregir… ahí es donde va mi matiz. Empleemos ese tiempo, en labor conjunta y colaborativa, en la generación de recursos para ser educadores, eliminando el miedo a crear. Los contenidos hay que darlos, hay que aprenderlos, nadie dice lo contrario. Compartamos los recursos creados. No todos tienen que hacer todo. Lo que me empeño en decir es que ya no hay que transmitirlos, hay que emplear métodos para que apliquen lo aprendido, reflexionen sobre lo aprendido, evalúen su trabajo y el de sus compañeros y argumenten su propio proceso de aprendizaje. Ello hará que reflexionemos nosotros sobre nuestra práctica docente y conseguirá que en vez de emplear nuestro tiempo en preparar las clases para determinar qué vamos a enseñar, lo empleemos en preparar las clases para determinar qué van a aprender y cómo.

Ojalá llegue algún día a ser educador. Será con vuestra ayuda.

 

Dedico este post a mi educadora personal, Araceli Luján. Sigue así.

 

Hasta la  próxima.

 

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