15. Ilusión 15-16.

Nos encontramos de nuevo ante una aventura más, el curso 15-16. Y toca pensar en las emociones que nos asaltan estos primeros días. ¿Cuáles? En mi caso son muchas y muy variadas, como diría el anuncio. Primero una gran responsabilidad, pues regreso a las clases después de un periplo de altibajos de salud que no me han permitido rendir como a mí me gustaría, pero que me han permitido guiar mis pasos hacia la reflexión de la práctica docente. De ahí la responsabilidad ¿seré capaz de hacer, en vez de decir?

Luego, rastreando en mi interior, tengo miedo, ilusión, esperanza, confianza, alegría,… parecen los personajes de “Del revés”, ¿no?

Pero sobre todo, y lo que quiero decir es lo siguiente, pienso en los chicos. Se habla de cambio pedagógico, de cambio metodológico. Que los chicos aprenderán sólo si conseguimos interesarles por lo que contamos. Que tienen que querer aprender, ser conscientes de lo que tienen que hacer para ello y buscar las ayudas necesarias para conseguir lo que por sí solos no pueden. Que necesitan reflexionar sobre su proceso de aprendizaje, con nuestra guía… Y reflexionar requiere un esfuerzo. No sale de manera natural de nuestro cerebro. Y conseguirlo requiere que nosotros, profesores, reflexionemos sobre nuestra práctica docente. Sigo pensando en que esa es nuestra asignatura pendiente. Esclavizados por terminar un temario que no hemos pensado y contar todo lo que está escrito en un libro de texto no nos deja casi pensar en otros caminos, en los que los mismos contenidos puedan ser aprendidos de otra manera, permitiendo la sorpresa y el descubrimiento y partiendo de la premisa del aprendizaje competencial, demostrar que han aprendido en el desempeño de la práctica.

Deberíamos ser consciente de la inteligencia emocional de nuestros alumnos. De su desarrollo neuropsicológico. A veces, mejor dicho, muchas veces, dificultades en el aprendizaje nada tienen que ver con esfuerzos, vaguerías, falta de responsabilidad,… sencillamente hay que resolver un problema ajeno a lo académico. Ver bien, escuchar bien, tener una buena lateralidad, tener estrategias de pensamiento y memoria,… son fundamentales para el aprendizaje, y los horarios, las cargas burocráticas, el brutal día a día de los profesores hacen que la supervivencia esté por encima de la calidad en las aulas.

Necesitamos tiempo para reflexionar. No pensar  en lo que voy a enseñar y cómo, sino en lo que van a aprender los chicos y cómo. ¿Vamos a tener ese tiempo algún día? Ante la respuesta evidente sólo queda una solución: buscar ese tiempo en la comunicación eficaz con los profesores, que los tiempos de reunión sean para hablar de pedagogía, que la información necesaria para nuestra organización no gaste tiempo de reuniones. Siempre me gustó ese eslogan de una camiseta que decía: “He sobrevivido a otra reunión que podía haber sido un e-mail”

Estamos ante el reto 15-16. Se percibe cambio. Que sea para mejor.

Hasta la próxima.

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